Hace poco me hicieron una entrevista con motivo del día del libro en el programa de radio Mundo Talikitú. Durante la entrevista me propusieron un reto: escribir un relato en el tiempo que duraba una canción (tres minutos y pico) y luego leerlo en directo. Pero eso no era bastante: el relato tenía que incluír algunas palabras escogidas al azar por el equipo del programa. En concreto:

cráter

farola

gelatinoso

inmigrantes

papagayos

encender

Todo un reto. A continuación cuelgo el resultado. (No me dio tiempo a ponerle título, pero se aceptan sugerencias).

Hace mucho tiempo, mientras caminaba por el campo, vi caer una estrella del cielo y golpear la tierra formando un gran cráter humeante. En el fondo del cráter, una nave verde con aspecto de farola y cubierta de un líquido gelatinoso se abrió por la mitad, y de ella surgieron catorce marcianitos verdes, que me rodearon. Como es lógico, me asusté. Pensé que eran invasores del espacio, la primera avanzada de un ejército hostil dispuesto a conquistar la Tierra. Pero ellos mismos me tranquilizaron, y me contaron que no eran invasores, sino inmigrantes. Su planeta de origen agonizaba. No le faltaba el aire, ni el agua, ni el calor. Pero se había quedado sin libros. De toda su vasta tradición literaria, sólo conservaban una novela: las aventuras de un joven marcianito mago, en seis volúmenes.

Y todas las bibliotecas del planeta tenían sólo ejemplares de esa novela, que todos leían una y otra vez, y se aprendían como papagayos. Los catorce marcianitos emigraron de su mundo en busca de una tierra en la que pudieran leer, para poder inspirarse en nuevas lecturas y así volver a su mundo de origen y allí escribir, y encender la creatividad y la imaginación de sus semejantes, y que su mundo volviese a vibrar con la ilusión de la escritura.

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Categorías y supuestos del escepticismo pirrónico

Pajón Leyra, Ignacio (2011) Categorías y supuestos del escepticismo pirrónico. Tesis Doctoral.

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Resumen

En el presente trabajo hemos tratado de exponer una visión unitaria de la génesis del pensamiento escéptico en su doble vertiente histórica y temática. Por ello, la estructuración interna evita el mero orden cronológico intentando, por el contrario, agrupar las corrientes objeto de estudio en función de la proximidad de sus contenidos doctrinales y también del modo de comprensión de estos contenidos por parte de la propia tradición escéptica. Así, la aproximación a la filosofía escéptica que aquí se ofrece pretende especialmente clarificar el decurso de la línea filosófica que, según el propio escepticismo, se inicia en los albores de la tradición griega y que termina dando lugar al corpus ideológico de la escuela pirrónica a partir de Enesidemo. La comprensión de este decurso filosófico se muestra como requisito previo imprescindible para cualquier investigación que pretenda poner en claro los presupuestos y categorías subyacentes a la filosofía escéptica. Por ello, hemos tratado de analizar y discutir con detenimiento las nociones fundamentales que funcionan como marco de referencia del pensamiento pirrónico, así como el papel que cada una de ellas desempeña en la concepción filosófica escéptica en su conjunto. Nuestra intención fundamental ha sido la de trazarnos como línea de investigación uno de los aspectos a nuestro entender más interesantes de la concepción filosófica que caracteriza a la corriente escéptica: el alcance teórico y las características específicas de su posición, determinadas por el tipo de supuestos con los que el filósofo escéptico cuenta a la base de su actividad.


Ignacio Pajón Leyra ha resultado ganador del Premio Literario Universidad Complutense de Teatro 2011 con la obra El troquel. El premio, que fue entregado al ganador el día 6 de mayo por el rector Carlos Berzosa, lo concede anualmente la Universidad Complutense en colaboración con el Instituto de Teatro de Madrid (ITEM).

El jurado ha destacado de la obra ganadora que se trata de una pieza “bien construida dramatúrgicamente hablando, en la que los dos personajes protagonistas, Sofía y Leonardo, son muy verosímiles, complejos y entrañables. Detrás de la cotidianidad, aflora una reflexión sobre la sociedad, la pareja y la condición del actor. Pero lo que más gustó al jurado fue su teatralidad. Todos estuvieron de acuerdo: es una obra eficaz, muy clara, y fácil de montar.

Fallo de los Premios Literarios Universidad Complutense de Madrid 2011

Reunido el jurado de los Premios Complutense de Poesía, Narrativa, Ensayo y Teatro, ha acordado por unanimidad conceder los siguientes premios:

Premio de Poesía: Placer Adámico, autor: Jesús Montiel López

Premio de Narrativa: El tesoro de Minerva y otros relatos, autor: Julio Alejandre Calviño

Premio de Ensayo: Poética del fragmento. Aproximación a la experiencia del Sentido en “La Vie mode d´emploi´”de Georges Perec, autora: Erea Fernández Folgueiras

Premio de Teatro: El Troquel, autor: Ignacio Pajón Leyra

Madrid, 12 de abril de 2011

La entrega de Premios se realizará en el Paraninfo de la Facultad de Filología, el viernes 6 de mayo a las 12:30 horas.

Nantes 1440

Amplia sala interior de las dependencias de alguna catedral, palacio o edificio similar. Techos altos y grandes arcadas. En el centro de la escena un estrado de madera con sillería a uno y otro lado. En los bancos de la izquierda, el alto clero local está representado casi en pleno. Sacerdotes, abades, teólogos, frailes, diáconos, obispos y cardenales entremezclados siguiendo algún desconocido orden protocolario se distribuyen por todos los asientos. En el lado opuesto, y de manera similar, están sentados los más destacados integrantes de la nobleza del lugar. Desde el fondo, dos alabarderos traen a un prisionero hasta el estrado. A pesar de las cadenas y grilletes, el reo muestra un porte militar y orgulloso poco habitual en quienes comparecen ante semejantes tribunales. Su cabello rojizo adquiere inquietantes tonos azulados en la barba, quizá a causa de un reflejo. Pero aún destaca más la mirada intensa con la que escruta a cuantos van a juzgarle. De entre los sitios de la izquierda, un prelado se levanta, pergamino en mano, y con gesto rutinario se dispone a leer. El prisionero se adelanta.

 

 

GILLES DE RAIS (interrumpiendo al prelado antes de que empiece).- Alto. Esperad, eminencia. No formuléis siquiera la pregunta. De sobra la conozco. Más de una vez he asistido a procesos como éste, y no me es desconocido el motivo por el cual he sido conducido a vuestra presencia. Queréis que confiese los crímenes de los que se me acusa, y voy a hacerlo. Aunque no termino de entender el valor que dais a la confesión de un hombre que sabe que si no confiesa le espera la tortura. Diré cuanto queráis que diga, y diré más. El crédito que concedáis a mis palabras… es cosa vuestra. Pero antes tendréis que escuchar otras cosas que tengo que decir y que han de ser escuchadas. (Pausa.) Mi nombre es Gilles de Rais, Mariscal de las tropas del Rey de Francia. Estuve en el sitio de Orleans, en Patay, en la conquista de Reims. Estuve presente incluso en la coronación de vuestro soberano Carlos[1], hace ya once años, al lado de mi amiga Juana de Arco, a la que vosotros o algunos como vosotros hicieron pasar por este mismo trance poco después. He sido honrado y respetado por los principales de Francia durante años por mis hazañas, y por mis méritos y entrega en la batalla. Y muchos de aquellos que antes me adulaban ahora me han acusado. No diré que sea falso ni uno sólo de los cargos que se me imputan. Lo confieso, sí. Todo ello es cierto. Por abominable que sea cualquier crimen, yo lo habré cometido. Pero no os escandalicéis. No os rasguéis las vestiduras y gritéis “¡qué monstruo!”; “¡cómo ha podido nacer hombre de tal vileza!”; “¡cómo ha podido caer en tal grado de villanía un Caballero de Francia!”. No preguntéis cómo he llegado a este punto, porque puede que la respuesta ya no os satisfaga tanto como mi voluntaria confesión. ¿Aun así queréis saberlo? Pues bien, excelencias: no hay uno sólo de esos crímenes inmundos que no cometiera ya en los campos de Orleans.[2] Los mismos actos por los que ahora me despreciáis, los llevé a cabo a pleno día y a la vista de todos, y no sólo quedé impune, sino que el propio Rey me felicitó por ello. Por actos como aquellos por los que entonces me rendisteis honores, hoy me estáis juzgando. Entonces lo llamasteis valentía, arrojo, hasta heroísmo. Hoy habláis de perversidad y depravación. ¡Qué voluble es vuestro juicio! (Pausa.) ¿Qué es lo que os extraña? ¿Que le cogiera el gusto a la sangre y a la muerte? ¿Que disfrutase? ¿Que luego no pudiera volver a ser un hombre? ¿Que no fuera capaz de continuar mi vida? (Pausa.) Soy culpable. No tengáis la menor duda. Pero ya lo era hace años, cuando duques y marqueses, obispos y arzobispos inclinabais vuestras cabezas a mi paso. Y ante lo que mostrabais el mayor de vuestros respetos era ante mi culpa. Pensad ahora si soy yo el único monstruo en esta sala. No me ahorraré un solo calificativo para mí. Criminal, sanguinario, violador, bárbaro, infame, asesino. Sí, lo soy. Pero tendré que compartir esos epítetos con todos los que me aplaudieron por serlo. Os invito a todos a que me acompañéis a la pira, si os place. Venid conmigo al fuego purificador. A todos nos vendrá bien purificarnos. (Pausa.) Bien sé que sois vosotros los que vais a redactar la confesión en la que estamparé mi firma, y que la escribiréis a vuestro antojo. No se me oculta que cuanto he dicho son palabras para el olvido; que trataréis de apartarlas de vuestra mente en cuanto salgáis por esa puerta. Pero confío en que en el fondo de vuestras almas os quede clavada la espina de saber que vuestra adulación y vuestro aplauso os hacen cómplices de mi iniquidad, y de la de todos a los que enviáis a los campos de batalla a luchar por vuestros intereses. Que la pena a la que me condenáis también os corresponde por derecho. Que tan monstruosos son vuestros actos como el más cruel y blasfemo de los que a mí se me imputan. Que vosotros también sois los criminales.

(Silencio en el tribunal. El prelado, que permanecía de pie, vuelve a sentarse enrollando de nuevo el pergamino que portaba, mientras los dos alabarderos regresan a la escena y se sitúan a ambos lados del reo sin hablar. Este les mira con gesto serio y da la vuelta dejándose llevar de nuevo hacia la entrada entre ruido de cadenas y candados.)


[1] Carlos VII, coronado en Reims el 17 de julio de 1429.

[2] Batalla de Orleans, librada en mayo de 1429.

Homenaje a Fali Guerrero

Publicado: noviembre 23, 2010 en Uncategorized

La Casa de Cultura acoge hoy un homenaje a Fali Guerrero

El acto servirá de reconocimiento a uno de los impulsores de la cultura y el teatro en la ciudad

Redacción / Chiclana | Actualizado 19.11.2010 – 01:00

Los amigos de Rafael Guerrero y Taetro, con la colaboración del Ayuntamiento, homenajean en la jornada de hoy a Rafael Guerrero, uno de los grandes impulsores del teatro, en particular, y de la cultura, en general, en Chiclana, fallecido hace 15 años en un accidente de tráfico.

El acto consistirá, en primer lugar, en la colocación en la entrada de las dependencias de la calle La Plaza de un retrato de Fali que el pintor gaditano Manuel Cano ha donado al Teatro Moderno. Posteriormente, familiares y amigos pronunciarán unas palabras sobre la figura de Fali. A continuación se representarán las obras de teatro mínimo que han sido premiadas en la duodécima edición del certamen de teatro mínimo que lleva el nombre de Fali Guerrero. Las piezas que se escenificarán serán Día de suerte, de Osvaldo Ernesto Mongelli; Agnus Dei, de Carlos Herrera Carmona; Un juego de niños y Defensa nacional, ambas de Ignacio Pajón Leyra, y Te darán más dinero, imbécil, de Briquette Rodríguez. El acto será a las 22:00 en el Moderno y la entrada será gratuita hasta completar el aforo.

Estreno en Chiclana

Publicado: noviembre 19, 2010 en Entretenimiento, Noticias

Esta noche a las 21:00 horas en el Teatro Moderno de Chiclana (Cádiz) se estrenan las piezas de teatro breve Defensa nacional y Un juego de niños, galardonadas con el premio Rafael Guerrero 2010.